Mayor Clemente Yáñez

México, 24 de febrero (Redacción).- Cuando se habla de un militar en funciones de seguridad pública se cometen muchos errores.

El primero de ellos es equiparar “origen militar” con “jefe militar” y “trayectoria militar” con carrera militar.

En ello contribuye la ignorancia civil, de los medios de comunicación y de los grados militares.

¿Es lo mismo retirarse cómo general qué cómo Mayor?

Definitivamente no.

Basta citar los años de servicio activo,  dato que no consigna el currículo del mayor Clemente Yáñez, recién nombrado titular de la dirección de seguridad pública municipal de Saltillo en lugar del general Marco Antonio Delgado Talavera.

Los militares adquieren el grado inmediato superior para efecto de retiro.  Lo cual significa que cuando el mayor Yáñez se retiró tenía, a lo mucho, quince años en el servicio activo y había alcanzado el grado de Capitán, y con obviamente con ello, poco mando y menos responsabilidad.

No es el caso de otros jefes militares en funciones de seguridad pública, como el mayor Julián Leyzaola ahora en Tijuana que tiene una carrera policíaca donde lo menos significativo es su origen militar o su grado.

Un general que se retira como divisionario tiene, en promedio, cincuenta años de servicio activo.  Ese es el punto de comparación.

Yáñez Carrillo publica solamente una parte de su currículo.

Ahí se afirma que es egresado del H. Colegio Militar, y se hace énfasis en “logros” que no lo son, como haber sido comandante del Cuerpo de Cadetes… o sea algo que hizo hace muchos años, como estudiante.  Y luego ya. Su carrera militar no tuvo  ninguna otra comisión de importancia.

Y no fue, queda claro, a la Escuela Superior de Guerra, por lo tanto no es diplomado.  No pasó por la primera etapa de Educación Superior de las fuerzas armadas, lo que debe haber sido definitivo para no haber ascendido a otros grados superiores.

Además no dice, en su presentación formal, si pidió su retiro de forma voluntaria o fue dado de baja.

Esto en cuanto a su formación militar, la cual por lo visto es muy reducida y no puede traducirse como garantía ni de experiencia ni de conocimiento.

Por lo tanto que se presuma que ocupa un puesto donde estuvo un general adquiere un valor mediático de manipulación social y es, por lo menos, relativo.

No que Talavera fuera muy eficiente, pero esa es una historia a contar en otro espacio.

Precisamente por esto, por no tener experiencia, no haber asistido a la Escuela Superior de Guerra, no contar con suficiente antigüedad, concluyo su incapacidad para ocupar un puesto de responsabilidad.  Y menos al lado de Jefes Militares quienes venían con  otras historias personales, con experiencia y nombre.

Yáñez Carrillo me contactó por Internet, luego por celular, y me hizo llegar su “historia personal”.  Buscaba chamba, sobre todo porque se dio a conocer los altos sueldos y prestaciones superiores, en comparación a otras entidades, para los jefes militares en Coahuila.

Otro impedimento para su contratación, además de que nos pareció, en plural, sospechoso su interés fue que vivía en Saltillo.

Y los Jefes Militares que llegaron a formar parte del Modelo Coahuila venían sin intereses locales, sin ataduras familiares, sin nada que pudiese estorbar su desempeño que se esperaba en contra, precisamente, de intereses creados en las policías locales por este tipo de vínculo.  Ese tejido social perverso que se teje entre quienes forman parte de grupos criminales en una población y/o institución policiaca.  Que son nudos ciegos en el cambio estructural de las policías locales.

Venía también de ser funcionario en una cárcel, en Morelos.  Y cuando a los funcionarios de seguridad pública, civiles o militares, no los recomiendan sus logros o la ciudadanía a la que sirvieron, quiere decir que no hicieron bien su trabajo.

¿Por qué Yáñez Carrillo no siguió una carrera en las cárceles de Morelos o del país?

De chambita en chambita hasta llegar a Wal-Mart o una de estas cadenas de mercados donde trabajaba cuando quiso entrar con nosotros.  Esto antes, vale la pena buscar y rebuscar, que fuese secretario de Seguridad Pública de Apodaca, Nuevo León. Un municipio con unos problemas de inseguridad y violencia inmensos. Obvio, no resueltos por Yáñez Carrillo.

¿Cuál era la necesidad de traerlo a Saltillo?  O mejor nos preguntamos por los intereses de Jericó Abramo en tal personaje…

En  cuanto a las pruebas de confianza que dicen haberle impuesto, con todo éxito al mayor Yáñez, simplemente me permito recordar que uno de los problemas graves, que deterioraron nuestra relación, que tuve con Jesús Torres Charles fue nuestra, militar y mía, desconfianza a dichos “exámenes”.

Muy sencillo:  todos los policías municipales que los Jefes Militares nos reportaban como no aptos para el servicio, por corruptos, incapaces o hasta enfermos, aprobaban las pruebas aplicadas por la Fiscalía… mágicamente.  Ninguno consumía drogas, todos eran educados, profesionales, capaces y demás…

Solamente que en los hechos, de inmediato, día a día se demostraba lo contrario. Esos policías que pasaron los exámenes de Torres Charles trabajaban con los Zetas, como parte de su organización criminal.  Ahí están las órdenes de aprehensión.

En la Dirección de Seguridad Pública de Saltillo, que ironía, 81 de esos policías, como casi una sexta parte reprobaron hace pocos días.  O sea que reprobaron entre los reprobados.

Al tiempo.  No hay plazo que no se cumpla ni realidad que no termine por imponerse.

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